A finales de 1980 e inicios de 1990, las disciplinas de geriatría y gerontología marcaron la diferencia en la forma de entender el proceso de envejecimiento. Anteriormente, las contribuciones del campo médico y científico consistían en recopilar información sobre los cambios biológicos sin contemplar el factor psico-social de la persona. En la actualidad, los nuevos modelos proponen la integración de factores propios de los ámbitos sociales, emocionales y funcionales del adulto mayor.

Si reflexionamos por un momento es posible tomar conciencia de que “envejecemos todos los días”. Indistinto de la edad, cada día es una oportunidad para mejorar nuestra calidad de vida para el futuro, sin embargo pocos somos conscientes de ello. Este pensamiento es uno de los mayores aciertos del nuevo modelo llamado “envejecimiento exitoso”. En el cual el envejecimiento se entiende como un balanza entre pérdidas y ganancias, alcances y limitaciones, fortalezas y desventajas.

La comprensión del proceso de envejecimiento incluye entender los factores que afectan, tanto un envejecimiento patológico como uno normal al dar luz sobre herramientas de apoyo. Por un lado, un envejecimiento patológico es caracterizado por enfermedades que afectan la calidad de vida: problemas en el corazón, problemas respiratorios, de movilidad o de inestabilidad mental-emocional. Por otro lado, un envejecimiento considerado como normal se refiere a la pérdida paulatina de autonomía. Esto es debido a cambios relacionados con la estructura de los huesos, la masa muscular, la disminución de la interacción social o bien en la funcionalidad visual y auditiva. En los casos anteriores, las pérdidas son claras: sin embargo, pocas familias tienen conocimiento de cómo generar ganancias para un adulto mayor en estas situaciones.

El modelo de envejecimiento exitoso se define por tener las siguientes cualidades:
● Capacidad de disminuir el riesgo de enfermedad o discapacidad
● Promoción de la capacidad cognitiva y funcional
● Lograr un sentido de vida

Los aspectos fundamentales del modelo engloban cuatro esferas que lo caracterizan: física o biológica, mental-afectiva, social y funcional.

La esfera física o biológica engloba las enfermedades como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial o la obesidad ya que afectan la salud y la capacidad de interactuar del adulto mayor. También engloban aspectos propios de la genética, desde las alergias hasta hábitos dañinos como el consumo de cigarro o alcohol.

La esfera mental-afectivo engloba el aspecto cognitivo (la habilidad de procesamiento del lenguaje, la expresión y la praxis) Así como el aspecto emocional relacionado con el ánimo, la ansiedad o la depresión. Una alteración en esta esfera modifica la interacción social, las habilidades de planeación e inclusive la condición física.

La esfera social incluye las interacciones con los demás las cuales son significativas en la medida en que la calidad de las mismas tengan una contribución importante. Somos personas sociables y una alteración en esta esfera modifica nuestro comportamiento emocional ya que mejora nuestra salud física y disminuye nuestros niveles de dependencia en terceros.

Por último la esfera funcional. Esta esfera tiene que ver con la independencia o la autonomía del adulto mayor. Qué tan capaz es el adulto mayor de realizar sus necesidades básicas, interactuar con su entorno o realizar actividades con objetivos previamente definidos. Esta autonomía es un factor fundamental para el envejecimiento del adulto mayor ya que la capacidad de mantenerse libre de enfermedad y sin necesidad de apoyo o compensación ayuda a tener una mejor percepción de sí.

Todos estos aspectos buscan desarrollar al adulto mayor de una manera integral a un envejecimiento que sea pleno y digno. ¡Seamos partícipes como familiares!

2 comentarios en “Las 4 esferas del envejecimiento exitoso

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