A la gran mayoría nos preocupa llegar a un mal envejecimiento.

Uno de los miedos más grandes que tienen las personas, tanto de edad mayor como aquellas que apenas entran a la tercera edad, es perder su independencia. Este miedo puede venir por discapacidad, enfermedad o por pérdida de memoria De hecho, una de las principales preocupaciones de la población mexicana es la pérdida de memoria: causa número uno de la discapacidad en México.

Muchos nos preparamos con rutinas diarias para evitar un mal envejecimiento físico: evitamos el consumo de tabaco o alcohol; madrugamos temprano para realizar ejercicios en bicicleta o correr unos cuantos kilómetros; buscamos comer saludable a la hora de la comida, en vez de ir por la torta habitual; comprometemos nuestro tiempo libre por realizar actividades que disfrutamos, ya sea asistir a la clases de yoga, artes marciales o bien practicar algún otro deporte.

Sin embargo pocos se preparan con una rutina mental. ¿Dónde dejamos esos minutos a una actividad al día para estimular la cognición?  ¿Por qué sucede esto?

Mucha gente cree que el cerebro deja de modelarse mientras envejecemos y que la pérdida de memoria es parte del proceso normal del envejecimiento. Pero y, ¿si te dijera que el cerebro se moldea en todas las etapas de nuestra vida y que la pérdida de memoria no depende del envejecimiento? ¿Me creerías?

Bueno, todo se resume a un concepto llamado “la neuroplasticidad” que se define como la habilidad del sistema nervioso para responder a estímulos intrínsecos o extrínsecos al reorganizar su estructura, función y conexiones. Generalmente es dependiente de la experiencia y está muy influenciado por aspectos de nuestro entorno.

¿Cómo se aplica la neuroplasticidad a nuestro entorno?

Muchos estudios sobre demencia señalaron que existen personas que pueden tener la misma extensión de lesión cerebral que presentan pacientes con demencia pero que discrepan en presentar síntomas de la enfermedad. Esta habilidad del cerebro de poder mantenerse fuerte o saludable después de este tipo de lesiones se llama resiliencia o reserva cognitiva. La “reserva cognitiva“ parece estar relacionada con factores modificables como el nivel de educación, la habilidad de realizar actividades cognitivas o estar socialmente activo. Y nos ayuda a tener un “colchón“ cuando alguna enfermedad nos aflige.

Lo sorprendente de todo esto es que neurólogos en la Universidad de Oxford a través de un estudio llamado “Cognitive Activities Delay Onset of Memory Decline in Persons Who Develop Dementia” concluyeron diciendo que una sola actividad diaria, una vez a la semana, retrasa la pérdida de memoria por 2 meses, independientemente del nivel educacional.

También debemos de visualizarlo como un trabajo integral. Complementarlo con nuestra rutina de ejercicio y buena salud fortalece aún más esta reserva cognitiva. Estudios sobre la reserva cognitiva y la demencia determinan que el ejercicio ayuda también a promover la plasticidad neuronal.

 

¿Entonces, qué esperamos?

Cualquier actividad que ayude a fortalecer la mente ayuda a protegerla de las enfermedades que puedan subyacer. Ya sea desde juegos, escribir, leer o socializar en componentes nuevos. Aprender nuevas rutas al trabajo, empezar a aprender un nuevo idioma, aprender a tocar un instrumento, leer más a fondo un interés, aunque sea 15 minutos diarios, sería el siguiente paso para un envejecimiento exitoso.

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