La movilidad en las personas mayores se interpreta como la capacidad funcional de caminar o realizar actividad física; de tal suerte que se relaciona en la mayoría de los casos con los trastornos de la marcha, el equilibrio y las caídas.

No obstante, con frecuencia olvidamos que esta capacidad también engloba el poder desplazarse del punto A al punto B, tomando en cuenta factores como el transporte y herramientas de comunicación para llegar a su destino. Por ejemplo, algo tan cotidiano como realizar las compras en el supermercado o asistir a citas médicas puede ser complicado para algunos adultos mayores, incluso cuando tengan buena función de la marcha y el equilibrio.

Pensemos por un momento en un universitario que debe de llegar a tiempo a clase. Es evidente que lograr lo anterior dependerá mucho de su capacidad o discapacidad funcional, del tener o no tener un coche, o inclusive tener vecinos con quien pueda compartir el viaje a su destino final. Este universitario ya no compara el uso de Google Maps vs. un mapa tradicional, llamar un taxi vs. pedir un Uber y pocas veces considera el tráfico ya que Waze lo apoyará con la ruta más óptima para realizar su trayecto.

Con más claridad podemos imaginarnos que todas estas decisiones se vuelven cada vez más complicadas para un adulto mayor en la era moderna. No sólo por su distanciamiento con la tecnología sino también debido a la pérdida de motricidad, lo cual puede terminar en un aislamiento social involuntario.

¿Valdrá la pena repensar el concepto de movilidad desde una perspectiva más integral? Y si es el caso, ¿cómo poder ayudar a nuestros seres queridos a tener una movilidad, no sólo sana sino segura también. A continuación les presentó una lista de tres ideas que nos ayudarán a lograr esto:

  1. Aprender que las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD) pueden compensar la pérdida en la movilidad.

El envejecimiento implica pérdidas a medida que se envejece y por consecuencia disminución en su independencia personal. En principio estas pérdidas se relacionan con la falta de capacidad para realizar las siguientes actividades:

  • Capacidad de usar el teléfono.
  • Elaboración de la propia comida.
  • Realización de tareas domesticas básicas (fregar los platos, camas…).
  • Realización de las compras necesarias para vivir.
  • Lavado de la ropa.
  • Manejo de la medicación.
  • Movilidad en la comunidad, uso de medios de transporte.
  • Manejo de la economía del hogar.

La anticipación a estas pérdidas nos ayudará a entender mejor a nuestros seres queridos y apoyarlos a diseñar mecanismos de apoyo. Por ejemplo, para el uso de medios de transporte se recomienda realizar una lista comparativa que podrá ayudarlos a escoger la mejor opción, tanto en términos de costo como de seguridad.grafica-comparativa3-01

  1. La falta en motricidad no sólo se compensa con ayudas técnicas como el bastón o la andadera.

Entendamos que la marcha tiene dos componentes principales: el equilibrio y la locomoción. Por un lado, el equilibrio nos permite adoptar la posición vertical y mantener la estabilidad. Por otro lado, la locomoción es la capacidad para iniciar y mantener un ritmo. Por lo tanto, un cambio en el ritmo es un cambio en la locomoción de la marcha y no necesariamente relacionado con el cambio en equilibrio por lo que recomendar de forma prematura el uso de bastón o andadera podría ser inadecuado.

Con la edad, la disminución en el ritmo de la marcha se volverá evidente en nuestros seres queridos y nuestra paciencia será clave para incentivar a nuestro familiar a seguir haciendo el esfuerzo por caminar.

Se recomienda caminar a su lado y motivarlos a hacer un extra esfuerzo al subir escaleras poco a poco, en pequeños tramos, esto les transmitirá confianza y seguridad.

 

  1. El uso de los teléfonos inteligentes pueden servir como dispositivos de monitoreo para la seguridad de los familiares.

A pesar de que estudios de Mobile World Capital, Barcelona muestran que la adopción de teléfonos inteligentes en los adultos mayores ha aumentado recientemente, en nuestro país únicamente el 14% de este grupo se inclina a usarlos. Es muy probable que sea por aversión y falta de interés; sin embargo, animar al adulto mayor a usarlos podría prevenir accidentes y facilitar un mejor monitoreo para los familiares, por ejemplo, a través de herramientas como el GPS.

La tercera edad es un nuevo camino para recorrerse con ayuda, amor pero sobretodo paciencia. Invitamos a los familiares a reflexionar sobre la movilidad como una forma para seguir fomentando la independencia en el adulto mayor, ¡quién mejor que ustedes para promoverlo desde casa!

 

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